Música en la Catedral
MÚSICA PARA EL FIN DE UN MILENIO


Miguel A. Nepomuceno

El claustro del Seminario albergó en esta ocasión el ciclo de conciertos catedralicios.

   Esfuerzo y constancia podría ser el lema de la Asociación de Amigos de la Catedral de Astorga que durante nueve años consecutivos viene desarrollando una fructífera actividad en torno a la música y a las distintas expresiones y campos de la misma. Casi dos lustros de infatigable colaboración en busca de intérpretes que traigan hasta la bimilenaria ciudad algunos de sus mejores creaciones que bien desde su imponente órgano o desde los instrumentos destinados atañerla traduzcan los pentagramas eternos para que el aficionado o el profesional pueda disfrutar con sus melodías y entrar en verdadera comunión con los valores éticos y estéticos del hombre.
   Partiendo de la premisa “Nula vita sino musita” la Asociación de Amigos de la Catedral volvió a programar para este casi fin de milenio, cuatro conciertos de la más variada factura que iban desde un Quinteto hasta una formación polifónica como la de Ars Gémina que cerró el ciclo el día 28 de Agosto, amenos de seis meses para que la hermosa catedral acoja entre sus piedras alas Edades del Hombre, motivo por el que ha tenido que trasladarse esta novena edición al claustro del Seminario.
   A las 20,30 horas de los días 8, 13 y 28 los aficionados astorganos y todos aquellos que estuvieran interesados por la música sabían que tenían una cita ineludible en el acogedor claustro que sino era el más apropiado en cuestión de acústica sí permitía seguir con toda comodidad y visibilidad las ejecuciones de los intérpretes de turno. Intérpretes que no siempre llegaron a cumplir los requisitos necesarios para incluirlos en la larga lista de ejecutantes que en estos nueve años han venido a ofrecer lo mejor de sus repertorios.
   E1 Cuarteto Consonus que abrió el ciclo brindó un monográfico a Mozart con tres Divertimentos muy bien sa interpretados aunque algo homogéneos tímbricamente y poco expresivos, dentro todo ello de una técnica exquisita y de una lectura más que notable. El Quinte to para clarinete y cuarteto de cuerdas fue correcto y en algunos momentos hasta excelente gracias a la labor de Carmelo Molina un pres tigioso solista que supo en todo momento aunar técnica con virtuosismo y expresividad.
   El Poznan Brass Quintet, un grupo variopinto de metal que nunca debió ser incluido en este Póker de invitados, hizo de todo con los autores de turno, de tal manera que la Suite de Carmen, por mencionar uno de los más representativos, quedó irreconocible, o la música Acuática de Haendel por obra de estos magos del soplido quedar convertida en música para una velada de bossanova. En fin, fue el peor de los cuatro conciertos con diferencia pero de todo tiene que haber en estos ciclos, a veces auténticas sorpresas pues quienes los contratan no conocen el paño que se les ofrece.
   El Dúo Kasner-Quer volvió a cosechar un merecido éxito pues sus actuaciones vienen siempre avaladas por la calidad y el buen hacer. Todo un recorrido por los principales obras del medievo desde Libre Vermell hasta las Danzas Rumanas que trocaron por los Lieder de Schubert o la gran Jota de Concierto de Tárrega fueron algunas de las piezas que esta pareja de guitarristas brindaron con excelente técnica.
   Cerró esta novena edición la actuación del grupo Ars Gemina formado por siete mujeres bajo la siempre atenta y cuidada dirección de Ana María Díaz, todo un espectáculo coral que rastreó las más excelsas partituras de los códices medievales como el Calixtino, el Verme]], el de las Huelgas o el canto gregoriano pero la calidad e impostación de sus voces y la perfecta afinación y empaste fueron suficientes para plasmar una hermosa ejecución que cerró con dignidad ese nuevo encuentro musical astorgano. La semilla ya está echada y los frutos a la vista están sólo queda ahora que las instituciones y organismos oficiales incrementen su entusiasmo para seguir potenciando este consolidado ciclo y que cada nueva edición sea aún mejor que la anterior.