El misterio de la Catedral


(Sonetillo)

¿Quién eres? ¿De dónde vienes
con ese nimbo de gloria?
¿Cuándo comenzó tu historia?
Dime cuántos años tienes.

¿Quiénes te alzaron? ¿Y quiénes
dejaron en tu memoria
esa larga ejecutoria que
acumula tantos bienes?

Dime cuál es el sentido
de tu inefable presencia,
de tu vida y tu latido.

Cuéntame lo que has vivido;
dime, porque tu existencia
es más misterio que olvido.

(Romancillo)

Los viajeros turistas sólo me han visto;
con el ruido y la prisa, ¡no me han oído!
Escrutan mis secretos, los peregrinos,
los que entran de rodillas en mi recinto
y todos los que tienen alma de niño;
en silencio me escuchan; a éstos les digo:

Cristo me llama Esposa; Madre, mis hijos.
Más que subir al cielo, de allí he venido
como novia adornada con atavíos.
En el Apocalipsis lo dice El libro:
Jerusalén celebra su esponsalicio,
las Bodas de¡ Cordero que la ha elegido.

Piedras vivas me alzaron, todos mis hijos.
Ellas hablan y cantan siempre sus himnos.
Doce puertas abiertas, doce testigos.
Los ángeles la habitan, junto a Dios mismo;
los santos transfiguran vidrios policromos;
y los muertos esperan, desde sus nichos,
con huesos de esperanza ya estremecidos.

La Catedral me llaman porque yo abrigo
la cátedra o la sede de los Obispos.
En ella se sentaron Santo Toribio,
San Genadio, San Fortis y San Dictino...
El altar y la sede van siempre unidos;
radiante epifanía, visible signo
de unidad, en la Iglesia de Jesucristo.
Nunca ese testimonio se ha interrumpido
que en el amor preside hoy Don Camilo.
Con él celebra el pueblo, cual piña unido;
las cuerdas en la lira dan su sonido.

La Catedral es Madre feliz de hijos;
la iniciación cristiana desde el Bautismo
abre su seno virgen por el Espíritu
y engendra muchedumbres, brotes de olivo.
A la casa del Padre, pidiendo asilo,
vuelven los hijos pródigos; yo los recibo,
con Dios y los hermanos los reconcilio.

Un retablo de oro Becerra me hizo
y en mi Madre, la Virgen, allí me miro.
Ella llegó a la meta a la que yo aspiro;
con Ella va la Iglesia por el camino.

Bóvedas estrelladas, torres -¿o lirios?-.
La campana María con su tañido,
el reloj con el ritmo de sus latidos,
el retablo de piedra, relato bíblico;
Pedro Mato, vidrieras, óculos, nidos,
pináculos y gárgolas, inmenso archivo
que atesoran mis piedras siglo tras siglo...

El encanto, el asombro, todo el hechizo
de belleza en mi rostro, son sólo un signo.
EL MISTERIO ESTÁ DENTRO. YO LO DESCIFRO
AL QUE ENTRA DE RODILLAS, AL PEREGRINO...

19.- El misterio de la Catedral
Bemardo Velado Graña,
Astorga, Asunción de Nuestra Señora, 1999