Editorial

  Hemos llegado al emblemático año 2000, pretexto válido para renovar las ilusiones y hacer que las esperanzas retomen los mejores caminos de hacerse plenitud. La Catedral vive un momento de intenso protagonismo y de felicísima renovación.

  Su arquitectura restaña las heridas del tiempo y descubre el color verdadero de sus sillares.

  Las vidrieras ciegas desde las inclemencias de la guerra de la Independencia, buscan de nuevo la luz y el color, unas se renuevan de sus enfermedades, otras como el rosetón sobre la puerta de la Sacristía acaban de nacer para ser memoria de un año Jubilar y señal esperanzada de que los programas que nacen del amor tienen cumplimiento, otras se preparan para un día ojalá no puedan hacer policromía y plegaria la luz del sol.

  El retablo mayor, la más insigne de cuantas obras atesora el templo recibe el gozoso interés que le devuelve la intensidad de la prodigiosa policromía y le cura las dolencias de los xilófagos.

  El entorno de la catedral se dignifica y nuevos y sorprendentes hallazgos arqueológicos nos regalan evidencias sobre su historia o nos abren sugestivas hipótesis para avanzar en su mejor conocimiento.

  Una magna exposición de "Las Edades del Hombre", que se dirá "Encrucijadas" hace de la Catedral meta de un peregrinaje de fe y de cultura que será para muchos ocasión de descubrirla y para otros razón para más quererla.

  Ciertamente el 2000 es el año de la Catedral, y ello es fruto del interés de muchos "amigos de la Catedral". Unos oficialmente convocados en esta Asociación, otros haciendo con sus iniciativas y decisiones real su amistad. Para todos la gratitud más intensa, que la propia Catedral si pudiera haría presente haciendo sonar en un concierto sobrenatural todas sus campanas y convocando a todos los ángeles que la cortejan para decir un salmo de luz esperanzada.

  Una Catedral viva y ello es lo que este número de nuestra revista quiere trasmitir a todos sus amigos: que la Catedral vive y hace vivir.

  Quizá sería en este año oportuno y desde aquí lo alentamos solicitar de la Santa Sede el título basilical para la Catedral y convocar a los estudiosos de la Catedral a un simposio o congreso en el que hacer resumen de nuestros saberes y poner en común investigaciones y proyectos que sean semilla de nuevos caminos de luz, de vida y de fiesta pascual para esta Catedral, nuestra apostólica Catedral que comienza un nuevo milenio con tanto protagonismo y con tanta vitalidad.