La canónica y el atrio

El espacio para la vida comunitaria en la Catedral de Astorga

Eduardo Carrero Santamaría

Parece claro que, al igual que en las restantes sedes del noroccidente peninsular durante la Alta Edad Media, el clero de la catedral de Santa María de Astorga siguió vida reglar desde su nueva instauración tras la invasión musulmana. La única opinión discrepante al respecto fue la de P. Rodríguez López, para quien la mención documental de los clérigos de la catedral de Astorga como monachorum sólo obedecía a reminiscencias de la canónica goda o a períodos en que el cabildo vivió con mayor recogimiento, mientras la alusión a dependencias reglares como el refectorio, se debía a la institución caritativa del cabildo, destinada a la limosna . Por su parte, G. González Dávila opinaba que la regla de vida del cabildo asturicense en tiempos de San Genadio era la de San Benito. Lo cierto es que, como recientes investigaciones han venido demostrando, las sedes episcopales de los antiguos reinos galaico-leoneses estuvieron regidas por estatutos que aunaron preceptos procedentes del monacato hispánico, especialmente de las reglas de San Isidoro y San Fructuoso .

     Ranulfo de Astorga consagraba al después canonizado Genadio como abad del monasterio de San Pedro de Montes, autocalificándose de “... indignus sanctae Ecelesie Astoricense sedis episcopus, omnia cum tractatu omnium fratrum et subiectorum meorum, quos christiana et catholicea religio continent...” . Al igual que en las citas documentales al clero de la catedrales de León, Lugo, Mondoñedo o Palencía, la documentación asturicense es propensa a la mención de los clérigos de la catedral como monachorum desde el siglo X o como los que “in vitam sanctam morauerint ”. Fr. A. de Yepes y E. Flórez ya llamaron la atención sobre la existencia de vida reglar en la catedral de Astorga, a través de esta denominación monástica . En este mismo sentido, también es significativo que, en 1021, la catedral de Santa María llegara a denominarse “domum sanctae Mariae uirginis, monasteriorum uirginum Deo dicatum”.

    Las reformas del clero emprendidas a partir del Concilio de Coyanza -1050-, que culminaron con la reglamentación de la vida comunitaria catedralicia en los concilios de Compostela de 1056 y 1063, sólo contaron con la participación astorgana del obispo don Diego (1050-1061) en el primero de éstos. En esta época, el clero asturicense debía sufrir una fuerte relajación respecto a los años previos, en que aparecían reflejados documentalmente como monjes, según he señalado. Alfonso VI, protector y promotor de las reformas eclesiásticas en su reino, hizo entrega de algunos bienes a la catedral de Astorga, con el fin de solventar los problemas de relajamiento y consiguiente secularización que estaban proyectándose sobre su congregación catedralicia asturicense. La donación al obispo Osmundo del atrio que rodeaba al templo catedralicio, en 1087, debe entenderse en este sentido, con el fin de crear un espacio destinado a la vida canonical, dado que los clérigos se hallaban viviendo como seglares: “...totiens circunspexinus in circuitu Ecclesiae vestrae intus murum civitatis, et vidimus et condoluimus esse inermes absque domos et habitatores, quod etiam maxima pars Clericorum conversabantur foro more laicorum ”. Además de ser el escenario de la vida comunitaria capitular, el atrio se documenta en su habitual función de cementerio catedralicio, noticias que debemos relacionar con las recientes excavaciones arqueológicas en el exterior del templo, en las que se han hallado varios restos de sepulturas. Así, en 1135, Bermudo Petri hacía donación al cabildo a cambio del perdón por “los excesos que inducido del diablo cometió contra dicha Santa Yglesia y el más execrable fue haver violado su santo cementerio, entrando de noche en él con mano armada, y sacando de allí á una parienta suya”.

    A partir de finales del siglo XI es cuando la comunidad asturicense de clérigos catedralicios comienza a ser denominada con el apelativo de canonicorum, añadiendo la puntualización “sub regula canonica degentium”. Ahora es, por lo tanto, cuando podemos datar la introducción del ordo canonicus en la sede, bajo preceptos agustinianos, y el establecimiento de una vida comunitaria dentro de los cánones de la liturgia romana, como parecía exigir el documento de Alfonso VI y en concordancia con las intenciones papales desplegadas en el concilio de Letrán de 1059 y que concluirían generando la llamada reforma gregoriana. A raíz de la procedencia monástica de algunos de los obispos asturicenses desde el siglo XI, se ha supuesto que en la catedral se llegaron a observar los preceptos benedictinos de Cluny. En mi opinión, el apelativo canonici supone la norma de vida canonical agustiniana y no la benedictina, debiéndose además tener en cuenta que la introducción del canonicato agustiniano en varias catedrales de la Europa meridional vino suscitada, precisamente, por los monjes benedictinos .

    En cuanto a la secularización de la institución capitular asturicense, ésta debió producirse en los albores del siglo XIII, momento en que los estatutos capitulares indican la desaparición de vida reglar en la catedral. Aún así, ciertas costumbres pervivieron dentro de la vida ordinaria de su clero. Las denominadas 'dignidades meseras' de la catedral fueron, desde el siglo XIII, las encargadas de repartir diariamente las raciones de pan y vino a los miembros del cabildo. Esta actividad pudo realizarse de dos formas distintas, encargándose de forma mensual las dignidades del cabildo como eran, por un lado e indistintamente, el mismo obispo y rector de Santa Marta, y por otro el tesorero, maestrescuela, deán, chantre, abades de Foncebadón, Santa Marta de Tera y Santiago de Peñalba y los arcedianos de Ribas de Sil, el Bierzo, Robleda y Carballeda . Para algunos canónigos, el reparto de las raciones se realizarían en el refectorio de la catedral aún en funcionamiento, según se ha supuesto de su entrega en dos mitades correspondientes a comida y cena. Por el contrario, el resto de los clérigos podrían llevarla a sus casas, realizándose entonces de una sola vez . Esta hipótesis parece cumplirse con la noticia aportada por el testamento del obispo don Martín González (1285-1301), otorgado el 27 de enero de 1301, en el cual el prelado donaba a la catedral doce vasos de plata para que beban en la canónica . Resulta evidente que dichos vasos tenían por destino la refacción común de los canónigos. Estas dignidades meseras resultan un unicum dentro de la estructura capitular de las sedes del Occidente peninsular, dado que, por ejemplo, en Ourense esta actividad era realizada por los meseiros, personajes sin cargo determinado dentro del cabildo, sólo encargados de entregar las raciones de pan y vino a canónigos, racioneros y dobleros. Del mismo modo, en Santiago el encargado era el repositario, que pertenecía a los estratos más bajos del organigrama capitular.

     En cuanto al escenario de la vida comunitaria del clero capitular de Astorga, las dependencias comunes del cabildo se debieron centrar en el documentado como palacio de la claustra vieja de la iglesia de Astorga . Probablemente situado en la panda Este del claustro, debemos suponerlo como las casas comunes del cabildo compostelano, situadas en la vertiente suroriental de la catedral o las canónicas de Salamanca, Ourense, León o Lugo, localizadas en distintos puntos de los alrededores del templo catedralicio. Un dato documental da pie a esta opinión. En 1033, la reina doña Elvira hacía donación al obispo don Pedro I (1029-1034), con destino a la sede y los “cultores cellae vel monasterii” de la misma . Con toda probabilidad esta construcción, situada en las inmediaciones del claustro actual, protegida por la muralla y el mismo templo catedralicio, fue reutilizada después en una de las pandas del claustro, según delatan noticias documentales bajomedievales, como la aludida donación de don Martín para que bebieran en la canónica o la existencia de las dignidades meseras encargadas de las distribución de bienes en el refectorio capitular. Este edificio se hallaría dentro de la tradición de casas comunes o pabellones de canónigos, de forma similar a los de ciertas sedes aragonesas, catalanas y francesas, compuestos por las dependencias necesarias para la vida reglar de la comunidad catedralicia y que también fueron absorvidos como parte de sus respectivos claustros, edificados en fechas posteriores. La canónica asturicense se hallaría compuesta por el citado refectorio -en funcionamiento al menos hasta 1301-, la cocina, el dormitorio y una sala capitular según la documentación puesta bajo la advocación de San Blas-. Si nos atenemos a los restos hoy conservados del claustro medieval de la catedral, es decir, parte de la capilla de Santa Marina en la panda norte y los muros perimetrales del mismo en la panda oeste, sólo resta la panda Este como localización original de la cella, palacio de la claustra vieja o canónica astorgana. Tras las habituales reformas realizadas en fechas modernas como una documentada sala capitular alta, sobre la original de San Blas-, el edificio de la canónica integrado en el perdido claustro medieval desapareció definitivamente con la construcción en su lugar del claustro neoclásico y la nueva sacristía del templo, durante el siglo XVIII.